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El Papa dice al P. Lee: "Tú darás testimonio de mí"

ENCUENTRO TALLER DE SUPERIORES LOCALES

SAN PEDRO SULA, 7 – 12 DE OCTUBRE DE 2002

 

Desde el avión de TACA, sobrevolando San Pedro Sula para tomar la pista, la ciudad se ve tranquila, descansando en un gran valle verde y resguardada por cordilleras a oriente y poniente.

 Una vez en tierra, y oyendo la radio, se percibe un ambiente de lucha encarnizada en busca de  supervivencia. Las “maras” agrupan un 70% de los jóvenes Sanpedranos. Para ellos la vida del ser humano no vale apenas nada:  10 lempiras (17 x 1$) le hicieron falta a Javier, de 19 años, para salvar la vida; por no llevarlos lo mataron el sábado, 5 de Octubre, al subirse al bus...

Pertenecer a “mara” distinta es causal suficiente para encontrar la muerte... Cada “mara” tiene su propio tatuaje... Diseño y lugar son distintivos permanentes.

 Los que quieren ascender de posición, dentro de la mara, llevan impreso el número de muertos, que están a la vera de su “vida”. Cuanto más subido sea el número, impreso en el párpado superior, más escalafón se ha logrado en la “mara”.

 El día 7 de octubre hicieron un rastreo por radio; de 50 llamados, 46 pedían acción contundente de la policía para acabar con los miembros de las “maras”, 4 pedían un centro de rehabilitación.  Lo malo es que el “tatuaje” no se borra, y cuando se quiere salir, rehabilitado, se firma la sentencia de muerte a manos de los antiguos compañeros.

 

Text Box:  En esta realidad vivimos los Superiores de Centroamérica una semana de internado colegial. A mediodía del 7 nos juntamos en “La Guadalupe” 18 claretianos, para compartir el almuerzo preparado por el P. Práxedes. No hicieron falta presentaciones. Todos nos conocemos desde tiempos atrás; por esos los encuentros son más vivos y las manifestaciones fraternas más calurosas. Además el P. Práxedes se esmeró en la comida y la encargó al mejor restaurante de San Pedro. ¡Qué bueno es tener hermanos provisores en el camino!

 

El Centro de Capacitación Social del Obispado es una casa linda, con habitaciones amplias, con un salón fresco para las reuniones, con un rancho abierto, un comedor con veinte mesas (tres eran suficientes para nosotros 18), una biblioteca y una capilla amplia donde pudimos rezar, mañana y tarde, en Comunidad.

 

Las horas de las comidas son fijas y sagradas para el personal que trabaja en la casa. Nos ajustamos al horario. Por eso a las 5 de la tarde, una hora antes de la cena, empezamos el Encuentro con la celebración de la Santa Misa. Nuestro Vicario Provincial, Rodolfo Morales, nos recordó que somos “Servidores de la Palabra”. Cada cual pudo comunicar experiencias personales o de los hermanos de Comunidad... Teníamos una hora, pero no hubo dificultad alguna en tomarnos unos minutos más de la siguiente...  Concluida la Misa, pasamos al comedor para compartir la primera cena. Lamberto Picado celebraba 31 años de su llegada a La Ceiba, y nos dio a gustar un sorbo de “Anís del Mono”. ¡Qué lejos queda, Lamberto, aquel 7 de Octubre de 1971 de tu venida a América; pero alégrate, porque son extensos los campos que has sembrado!

 

A las 7, 30, el P. Provincial -Santiago Najarro- da la bienvenida a todos, incluidos los PP. Antón y Silvio, que se habían quedado rezagados en Livingston para celebrar la fiesta patronal de la Virgen del Rosario. Explica el porqué del Encuentro y pide algunos voluntarios para la Secretaría, la Liturgia, campanero...   Para no olvidar nada, se escribieron en la pizarra:

 Los temas ideados serán los siguientes:

1.      La Comunicación de la Comunidad.                                           P. Rodolfo Morales

2.      El “Decálogo” del Superior Religioso.                                      P. José Sentre

3.      Animar hoy con talante profético.                                      P. José Joaquín González

4.      Visión integral del Superior.                                                                                 

5.      El Superior en las Constituciones.                              P. Juan José Pineda

6.      La Autoridad como experiencia de servicio y de amor.           P. Manuel Sánchez

7.      El Superior animador como instrumento del Espíritu.              Mons. Rómulo Emiliani

8.      El perfil del Superior.                                                                  Trabajo de todos

Text Box:

 

 

El P. José Joaquín nos ilumina el camino, con su brillante luz, y nos pone el siguiente cuadro de tareas:  (Este cuadro es el que se realizó, porque el idealizado era otro un tanto distinto)

 

La semana pasó muy rápida. El “campanero”, P. Nicolás, llamaba con puntualidad al trabajo y nosotros obedecíamos con alegre diligencia... Las sillas, y especialmente los bancos de la capilla, eran duras y duros, pero todos nos sobrepusimos... La paz y la belleza del ambiente alimentaba nuestro ánimo, pronto al servicio; además los temas eran importantes.

 

Comenzábamos el día con el rezo de Laudes, en la Capilla, y a continuación íbamos a desayunar. Ambas cosas necesitábamos para completar las tareas del día. De ocho a diez escuchábamos y preguntábamos..., o nos reuníamos en grupos, 2 de 4 y 2 de 5. Luego de media hora para tomar café, o estirar las piernas,  o gastarlo libremente en tareas personales..., volvíamos a escuchar, o preguntar, o a reunirnos por grupos...A las doce tocaba la campana para ir al almuerzo. ¡Con qué placer se obedecía...!

 

La siesta era libre, unos descansaban, otros aprovechaban para salir a la ciudad y hacer encomiendas... Pero había que ir ligero... porque a las dos y media arrancaba de nuevo el trabajo...

 

Sin apenas tiempo para descansar nos íbamos a la capilla para “hacer Eucaristía”. ¡Había tantas cosas que agradecer a Dios...!  A las seis cena. Por la noche, informaciones del Gobierno Provincial, encargado del SICA, encargado de Procura...

 

Convivencia claretiana

Luego de dos días de teoría, quisimos poner en “práctica” todo los que íbamos escuchando... El miércoles tuvimos el “Día de familia con todos los hermanos de Honduras”.

 A las ocho de la mañana nos fuimos a Tela. Allí nos habían dado cita los hermanos de San Pedro, La Ceiba y Tela para poder compartir un día de fraternidad claretiana. Una familia amiga, Sres.   nos abrió las puertas de su casa... y su corazón. A las 10,30 empezamos la Eucaristía en el garaje de la casa por miedo al sol... Hubo playa, piscina, yakusy, almuerzo preparado por el P. Biaín... ¡Qué bien que se está en Tela, decía uno mientras tomaba un cóctel de camarones en el “yakusy”!  El ambiente era de fiesta: aperitivos: (muchos y variados) ..., con algo para rociarlos..., música ambiental..., ramo de flores en cada mesa...,  apetito, acentuado por la piscina y la playa...   Como telón de fondo el Instituto “La Milagrosa”, la última obra del P. Pedro.

 A las 3 de la tarde tomábamos el camino de vuelta. Parada técnica en la fábrica de “Artesanías” para dar oportunidad de comprar recuerdos... Eran muy caros y quisimos practicar nuestra pobreza... No compramos nada.

 Visitamos Ribera Hernández, (perdidos por calles de polvo), la capilla de Nuestra Señora del Carmen, el Noviciado de las Claretianas en Honduras, la tumba del P. Cruz Ripa... A las 9,30 tomamos una cena ligera... Noche libre..., que algunos aprovecharon para trabajos extras..., otros para dormir..., como Dios manda.

 

 Ultimo día

El viernes seguimos con nuevos bríos y algunas prisas. Veíamos ya la meta final del Encuentro y quedaban muchas cosas por hacer.  El P. Juan José Pineda no pudo darnos sus charlas... por culpa del Cardenal Rodríguez, que se rompió una pierna en Alemania y le dejó una misión insustituible a Juanjo. Aprovechamos para iniciar el trabajo del Capítulo General...  Esto nos llevó toda la mañana.

 Por la tarde nos empeñamos en sacar, como buenos dibujantes, el perfil del Superior local. Ponemos a continuación la lista de requisitos. No es de extrañar que más de uno se presentara al P. Provincial para decirle: “En tus manos pongo mi superiorato..., con todo esto me considero incapaz”.

 

Nos dimos una evaluación de 86%. Dios quiera que todo esto fructifique, como buena simiente, y dé  el sesenta, o el ochenta por uno...  o, mejor, el ciento...

José Sentre, cmf.

 

CENA DE PAN Y VINO

 

 

 

Mons. Dimas Cedeño, Arzobispo de Panamá, se fijó en el P. Ting Pong Lee para que diera “Testimonio” de su vida Sacerdotal, en la “Cena de pan y vino”.  Chinito Lee repasó la agenda de su vida y construyó una “reseña” que tituló: “El signo de la contradicción guió mi vida”.

 

No vamos a repetir aquí todo lo que dijo, sólo unos párrafos de las 16 páginas de su vida.

 

                                                                       *****

 

“Esta es la historia de quien, perdiendo, salía siempre ganando; es decir que, en definitiva, salió ganando a pesar de que toditas las cosas le salieron como él no quería que saliesen.

 

Este “signo de contradicción” comenzó a manifestarse temprano en su vida, porque aunque sus genes asiáticos lo hubieran consentido hasta cierto punto, nació tan amarillo que, apenas lo vio su madre, exclamó: "pero, si esto es un "pumpkin", es decir; un "zapayo en nuestra tierra, o "calabaza" en otras latitudes, primo del melón y del pepino. Y con el apodo de "pumkin" le conocieron, y así le conocen aún muchos: el Tío Pumpkin!”

 

Ya mozuelo...  Monseñor Juan José Maíztegui, decidió que era llegada la hora de su entrada en el Seminario Claretiano Domínguez Memorial en Compton, California, a donde le había precedido el año anterior el joven José María Correa, santeño de cuna, pero colonense por todo lo otro.

 

Y aparece de nuevo el “signo de la contradicción”: el Consulado de los Estados Unidos de América niega al joven Lee la entrada al país “por sus raíces chinas” y no importa haya nacido en la República de Panamá.

 

Cerrada esta frontera, se abre otra: no te quieren en los Estados Unidos, quieres ir a España? Claro que sí. Otro “signo de contradicción”: Llevaba credenciales para el Postulantado de Valmaseda, Vizcaya, tierra de Monseñor Maíztegui, y cartas del Padre Antonio Anglés, catalán; influyeron  éstas para  que se quedara en Cataluña. Aquí hizo el Postulantado.

 

Profesó en Vich, junto a la tumba del Santo Fundador, Antonio María Claret. Ya profeso "Misionero Hijo del Inmaculado Corazón de María”, inició el nuevo período de la formación filosófica en las alturas de Solsona. Y aquí el joven Lee se enfrenta con las crisis de la juventud, y el naufragar con apenas una tabla para mantenerse a flote.

 

La ocasión, digo ocasión, no causa de este atolondramiento, fue que habiéndole tocado el puesto en la sala de estudios en la última fila de atrás, quedaba junto al anaquel de la pequeña biblioteca. Aconteció que los clásicos españoles, como Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, vinieron furtivamente a sobreponerse al aburrido y odiado texto de metafísica. Y sucedió lo que tenía que suceder...

- Señor Lee, el Padre Prefecto lo quiere en su despacho.

-         Sr. Lee, yo escucho cabizbajo, sabe que no ha aprobado el primer trimestre?

-         Sí Padre.

-         Sr. Lee, sabe  que si no aprueba el siguiente, no podrá seguir en el Seminario?

-         Sí, Padre.

-         Sr. Lee, sabe que puede superar el segundo semestre?

-         Sí, Padre.

-         Pues entonces, Sr. Lee, póngase a estudiar como es su deber, y déjese de frivolidades!

-         Sí, Padre.

 

El segundo semestre fue mejor, el tercero salvó el curso.

 

Para estudiar Teología pasó a Cervera. Ya se adensaban los nubarrones sobre la Iglesia en España. Y la tempestad estalló con inaudita violencia a mediados del mes de Julio de 1936 en la consigna diabólica de “que no quede ni un Obispo, que no quede ni un Sacerdote, que no quede ni un fraile, que no quede ni una “monja”, ni una iglesia en pie”.

 

            Mis compañeros “Mártires... Qué recuerdos...! El curso mártir de Barbastro era el curso superior al mío; habíamos pasado juntos el postulantado, el filosofado y, ahora, el teologado. Recuerdo, como si fuera ayer, aquella mañana, ya en plena revolución, en nuestra finca del “Mas Claret”. En la Misa habíamos renovado nuestra Profesión Religiosa y prometido ser fieles hasta la muerte. Fue la “despedida”: con un “nos veremos en el cielo”, vimos partir al grupo del Padre Manuel Jové, destinado al sacrificio, y el grupo del Padre José Mir, que sobrevivió a la hecatombe.

 

            Los Seminaristas de la América latina fueron consignados, según las normas internacionales, a sus consulados en Barcelona. El Consulado de Panamá estaba cerrado y el chinito fue custodiado en la Generalitat y luego entregado, previa firma de documentos, al Cónsul decano, de allá pasó al Consulado de Bolivia, luego al Consulado de Colombia y Consulado de El Salvador y pudo llegar a Roma con pasaporte Salvadoreño, y bajo la protección del Consulado de El Salvador, a principios del mes de Agosto de 1936. De allí en adelante comienza su vida romana que durará 50 años.

 

La unción sagrada, y la imposición de las manos, que me consagró para siempre sacerdote claretiano, unió mis manos en un gesto de aceptación voluntaria y decidida “la mano en el arado y no mirar atrás”. Este fue el día 16 de Julio de 1939, fiesta de la Santísima Virgen del Carmen, Aniversario de la fundación de la Congregación Claretiana. En mi primera Misa no pude menos de recordarme del verso del gran Lope de Vega:

“Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro

y la cándida Víctima levanto

de mi atrevida indignidad me espanto

y la piedad de vuestro pecho admiro”

 

 La mayoría de mis compañeros volvía a sus respectivas patrias de origen y eso esperaba yo también: sería, naturalmente, Panamá. Pero no fue así, la primera grande desilusión que justifica el título de estas notas biográficas.

 

Al final del verano recibí la orden de quedarme en el Seminario con el encargo, jamás sospechado, de profesor de tres asignaturas. Terminado el año en el ejercicio del primer encargo de mi vida sacerdotal, otra sorpresa me aguardaba en la serie de las “contradicciones”: debía iniciar una nueva carrera de estudiante, como si hubieran sido pocos los años ya vividos como tal. Fui destinado a especializarme en Misionología. Esta vez, acepté complacido el destino porque muchas de las asignaturas me eran congeniales, como la Antropología, la Etnología, Culturas primitivas, Historia de las Religiones, Historia de las Misiones, Adaptación misionera, Derecho Misional, amen de una especialización en Medicina y Cirugía de Urgencia.

 

Con tanta intensidad me dediqué a estos estudios, ya los clásicos españoles de la juventud habían sido relegados a un segundo plano, que no había completado aún los estudios básicos, que me cupo la satisfacción de haber publicado en “El Misionero”, revista mensual de la Congregación Claretiana en España, una serie de 12 artículos acerca de los “Orígenes del Cristianismo en China”, y otra serie con el título genérico: “Roma y las Misiones”. Y ello fue buena preparación y ensayo de pluma para la tesis de Licenciatura sobre: “la individualidad en las tribus de los Indios de Norteamérica”.

 

Pero los estudiantes Claretianos teníamos el compromiso de no contentarse con una “Licenciatura”, teníamos que culminar los estudios con el doctorado. Mis planes pedían simplemente ampliar la tesis de licenciatura, de modo que cumpliera con todos los elementos requeridos para el doctorado, para lo cual tenía a disposición material científico amplio e investigado en profundidad. Dicho y hecho: ampliar el  estudio que se refería a las tribus de los Indios de Norteamérica a todas las tribus denominadas primitivas en la Etnología. Un año más de trabajo de investigación hubiera bastado y en este sentido presenté el croquis de la futura tesis de doctorado al Consejo de facultad, que fue aprobado sin reservas.

 

Faltaba solamente la aprobación del Superior de mi Congregación quien era entontes el Padre Arcadio Larraona, insigne jurista, más tarde Cardenal de Santa Romana Iglesia. Un día le presenté el plan de la tesis doctoral, lo estudió atentamente y, de nuevo aquí el “signo de la contradicción”, me respondió que la Congregación Claretiana necesitaba de un perito en Derecho Misional y que yo había sido designado a llenar este cometido. Le objeté que no me había dedicado a este ramo de la ciencia y me respondió sin titubear; “Pues, comience ahora” Y Comencé!

 

Culminada esta etapa de universitario, esperaba regresar a Panamá. Y de nuevo el “signo de la contradicción” en el decurso de mi vida. El Padre Superior me llamó y, sin  más preámbulos, abrió el cajón de su escritorio y sacó un sobre, lo abrió y desdoblando una hoja, me dijo en seguida: “ Ahí tiene su nombramiento de Profesor en la Cátedra de Historia del Derecho y Derecho Misional en la Universidad Urbaniana”. Pero, Padre, intervine con un poco de orgullo, pero yo no he aceptado el nombramiento” “Ah, no se preocupe, me contestó el superior, yo ya he aceptado por Usted y ahora a prepararse, que esto es cosa seria...” Y tan seria, me decía a mí mismo, mientras contemplaba alejarse el Istmo de Panamá entre las brumas de un ensueño.

 

Y así comenzaron los 42 años de vida de Profesor Universitario en mi Alma Mater de la Urbaniana. Dicté también, durante 10 años, lecciones de Derecho Misional en la Pontificia Academia Eclesiástica, centro superior de estudios, en donde se preparan los candidatos a ocupar puestos en las sedes de representación diplomática de la Santa Sede, en calidad de Nuncios Apostólicos y Secretarios de Nunciaturas. Entre mis alumnos figuran varios de los Nuncios y Secretarios que han pasado por la Nunciatura de Panamá; el actual Nuncio Apostólico Monseñor Giacomo Ottonello es uno de ellos.

 

A los 70 años de edad, y 40 años de docencia, según los Estatutos de la Universidad, me declararon “Profesor Emérito o jubilado”, aunque continué en la cátedra por expresa petición de la Facultad de Derecho Canónico y la Facultad de Misionología, por otros dos años más.

 

Sería ingrato al buen Dios que tanto me ha dado si no compartiera con ellos lo que he aprendido:

  1. Agradezco al Señor el don de la vocación sacerdotal y si volviera a nacer no desearía otra.
  2. En ocasión del triste evento que enluteció a nuestra Iglesia, se publicó: “Me hacía imposible la vida en el Seminario”. Querido seminarista; aún ha de nacer quien pueda oponérsete en tu camino, porque “omnia possum in eo qui me confortat”.
  3. Entrénate concienzudamente para lo que debe ser tu ministerio sacerdotal.
  4. Llegado a la meta, que las reverencias y los ósculos de la celebración no te hagan olvidar que tu sacerdocio es ministerial por esencia y que se te constituye ministro de Cristo para servir y no para ser servido.
  5. Tu Obispo te confiará una porción de la grey. Cuídala inspirándote en el modelo de Jesús: “Yo soy el Buen Pastor, yo conozco mi ovejas, yo doy mi vida por mis ovejas...”

 

Se me pide un testimonio. Soy testigo de que la pluralidad de orígenes, de culturas y educación familiar me ha conferido una apertura de horizontes que me han ayudado a comprender que el mensaje evangélico esencial y fundamentalmente es universal, dirigido a todos los pueblos de este pedacito del universo, desde donde sale el sol hasta su ocaso.

 

Asia me ha dado el carácter y la personalidad, América Latina me ha dado sensibilidad y comprensión humana, Europa ha enriquecido mi mente con las más variadas formas de belleza y armonía. Pero Roma fue la experiencia culmen de mi vida. Porque allí fue vivir la realidad de lo que es la “Una, Sancta, Cathólica et Apostólica Ecclesia” de nuestra profesión de fe.

 

Con  Pedro me he embarcado, y sigo embarcado. Las olas embravecidas de la persecución y los vientos rugientes del odio, se estrellarán impotentes a babor y estribor:

“Porque Pedro gobierna la barca;

 porque Pedro tiene en su mano el timón,

Pedro no suelta el timón”. (San León Magno)

 

“Y la barca de Pedro llegó a puerto”

 

 


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